Había una vez una pequeña empresa de tecnología fundada en Granada por dos ingenieros con una idea brillante. Tenían el producto, tenían el talento, tenían la ilusión. Lo que no tenían era una identidad. Su logo lo había hecho un amigo «tirando de Canva», su web parecía sacada de 2009 y su tarjeta de visita decía cosas distintas a las que decía su perfil de LinkedIn. Cuando fueron a presentarse a su primer cliente potencial —una empresa mediana del sector industrial granadino—, la reunión fue cordial. Pero el contrato no llegó. La razón que les dieron fue amable pero directa: «Necesitamos trabajar con alguien que transmita solidez.»
No era el producto. Era la imagen.
Esta historia, con variantes, se repite constantemente en el ecosistema empresarial de Granada. Startups con ideas disruptivas, pymes con años de experiencia y productos excelentes que pierden oportunidades reales porque su imagen corporativa no está a la altura de lo que ofrecen. Y no porque no tengan presupuesto para hacerlo bien, sino porque nadie les ha explicado —con claridad y sin jerga— cuánto vale realmente la imagen corporativa y cómo construirla de forma estratégica.
Este artículo existe para cambiar eso. Para que ningún negocio granadino vuelva a perder un cliente por razones que tienen solución. A lo largo de estas páginas encontrarás conceptos clave, errores frecuentes, estrategias probadas y el tipo de enfoque que agencias especializadas como Leovel, agencia de publicidad en Granada, aplican para transformar la identidad de empresas que quieren crecer de verdad.
¿Qué es exactamente la imagen corporativa y por qué es mucho más que un logo?
La confusión más cara que puede tener una empresa
Si le preguntas a diez empresarios granadinos qué entienden por imagen corporativa, nueve de cada diez responderán algo relacionado con el logo. Y aunque el logo es parte de la imagen corporativa, reducirla a ese elemento es como decir que una persona es solo su nombre. El nombre importa, claro. Pero lo que esa persona proyecta —su forma de hablar, de vestir, de relacionarse, de resolver problemas— es infinitamente más complejo y determinante.
La imagen corporativa es el conjunto de percepciones, impresiones y asociaciones que el público —clientes, proveedores, inversores, talento— tiene de una empresa. Es la suma de todo lo que esa empresa comunica, consciente o inconscientemente: su identidad visual (logo, colores, tipografías, diseño), su tono de comunicación, su presencia digital, sus materiales de marketing, la experiencia que ofrece en cada punto de contacto con el usuario.
Dicho de otra forma: la imagen corporativa es lo que la gente piensa de tu empresa cuando tú no estás en la sala.
Identidad corporativa vs. imagen corporativa: una distinción crucial
Antes de avanzar, conviene aclarar una distinción que muchos empresarios confunden. La identidad corporativa es lo que la empresa decide ser y proyectar: su misión, valores, propuesta de valor, personalidad de marca. La imagen corporativa es la percepción que el público tiene como resultado de esa identidad. Son dos caras de la misma moneda, pero no son lo mismo.
Una empresa puede tener una identidad corporativa brillantemente definida, pero si su ejecución visual y comunicativa es deficiente, la imagen que proyecta no coincidirá con lo que realmente es. Y viceversa: una empresa con un diseño impecable pero sin una identidad sólida proyectará una imagen superficial que no genera confianza a largo plazo.
El objetivo es que identidad e imagen estén perfectamente alineadas. Y conseguirlo requiere estrategia, coherencia y, casi siempre, la ayuda de profesionales que sepan traducir lo que una empresa es en algo que el mundo pueda ver, sentir y recordar.
El ecosistema empresarial de Granada: por qué la imagen corporativa importa más aquí
Granada, más que turismo y universidad
Granada tiene una imagen pública dominada por la Alhambra, la gastronomía y la Universidad de Granada —una de las más antiguas y prestigiosas de España—. Pero detrás de esa imagen de ciudad histórica y universitaria, existe un tejido empresarial vivo, diverso y en transformación.
El Parque Tecnológico de la Salud concentra empresas biomédicas y de investigación sanitaria de primer nivel. El ecosistema startup local crece impulsado por el talento universitario y programas de aceleración como el de la UGR. El sector del turismo, el comercio, la hostelería y los servicios profesionales generan miles de pymes que compiten en un mercado cada vez más digitalizado y exigente.
En este contexto, la imagen corporativa ya no es un diferenciador: es una condición de entrada. Cuando un cliente busca una empresa granadina en Google, la primera impresión que recibe —la web, el logo, los colores, el tono de los textos— determina si sigue navegando o se va a la siguiente opción. Y ese juicio se forma en menos de cinco segundos.
La competencia ya no es local: es global
Una pyme granadina de diseño de interiores no compite solo con otras empresas de Granada: compite con estudios de toda España que tienen presencia digital impecable y que pueden atender a clientes granadinos sin moverse de Madrid o Barcelona. Una startup tecnológica del PTS no solo busca inversión local: aspira a rondas de financiación con fondos que evalúan la credibilidad de la empresa con la misma frialdad con la que evalúan sus métricas.
En este entorno, la imagen corporativa es una herramienta competitiva real. Puede ser la razón por la que un cliente elige tu empresa sobre la competencia. O la razón por la que ni siquiera te considera.
Los errores de imagen corporativa más comunes en startups y pymes de Granada
1. El síndrome del «por ahora así está bien»
Muchas startups empiezan con una identidad visual improvisada con la excusa de que «cuando crezcamos lo hacemos bien». El problema es que esa identidad provisional se convierte en la carta de presentación de la empresa ante los primeros clientes, inversores y colaboradores. Y esas primeras impresiones son muy difíciles de borrar.
Hay estudios —publicados en revistas como el Journal of Business Research— que demuestran que la percepción inicial de credibilidad de una empresa influye de forma duradera en la disposición del cliente a confiar en ella, aunque esa percepción se haya formado en segundos y basándose en señales visuales superficiales. No porque la gente sea superficial, sino porque el cerebro humano usa la coherencia visual como atajo para evaluar la fiabilidad.
2. Inconsistencia en los diferentes canales
Una empresa que en su web usa un logo, en sus redes sociales usa otro, en sus tarjetas tiene unos colores y en sus presentaciones tiene otros, proyecta desorganización. Y la desorganización percibida genera desconfianza. Los clientes, aunque no sepan articular exactamente por qué, sienten que algo no encaja. Y esa sensación de incomodidad les aleja.
La consistencia de marca —usar los mismos colores, tipografías, tono y elementos visuales en todos los canales y materiales— es uno de los principios más básicos del branding y, sin embargo, uno de los más frecuentemente ignorados por las pymes.
3. Diseño de bajo coste con resultado de bajo valor percibido
Hay un mercado de diseño gráfico y branding a precios muy bajos que, entendiblemente, atrae a emprendedores con recursos limitados. El problema es que el resultado suele ser un logo genérico, una identidad sin personalidad y materiales que no comunican nada específico sobre la empresa.
Y aquí hay una paradoja interesante: gastar poco en imagen corporativa puede costar mucho. Si un cliente percibe que tu empresa no tiene una imagen profesional, asumirá —con o sin razón— que la calidad de tu producto o servicio también es mediocre. En mercados competitivos, esa percepción es letal.
4. Ignorar la dimensión digital de la imagen corporativa
La imagen corporativa en 2024 no vive solo en papelería y logotipos: vive en webs, redes sociales, newsletters, vídeos, podcasts y experiencias digitales. Muchas pymes granadinas tienen una identidad visual razonablemente cuidada en sus materiales físicos, pero su presencia digital es un cajón de sastre sin coherencia ni estrategia.
Una web lenta, desfasada o difícil de navegar no es solo un problema de usabilidad: es un problema de imagen. Igual que unas redes sociales que publican de forma irregular, con un tono inconsistente y contenidos de baja calidad.
5. No tener un manual de identidad corporativa
El manual de identidad corporativa —también llamado brand book o guía de estilo— es el documento que recoge todas las normas sobre cómo debe usarse la identidad visual de la empresa: el logo en sus diferentes versiones, los colores exactos (en código Pantone, CMYK, RGB y hexadecimal), las tipografías, los espacios de seguridad, los usos incorrectos y las aplicaciones en diferentes soportes.
Sin este documento, cada vez que alguien necesita usar el logo —un diseñador externo, un colaborador, una imprenta—, lo interpreta a su manera. Y esa interpretación libre es el origen de la inconsistencia.
Los pilares de una imagen corporativa sólida para una startup o pyme en Granada
El naming: cuando el nombre trabaja para ti
El nombre de una empresa es el primer elemento de su imagen corporativa. Un buen nombre es memorable, fácil de pronunciar, diferente de la competencia y —cada vez más importante— disponible como dominio web y en redes sociales.
Muchas startups granadinas cometen el error de elegir nombres demasiado genéricos («Soluciones Digitales Granada») o demasiado crípticos (siglas que nadie recuerda) o nombres que funcionan bien en español pero resultan complicados en inglés si la empresa tiene aspiraciones de expansión internacional.
El proceso de naming es más complejo de lo que parece: requiere creatividad, investigación de mercado, verificación legal y análisis de disponibilidad. Pero cuando se hace bien, el nombre se convierte en el primer embajador de la marca.
La identidad visual: el sistema que hace visible lo que eres
La identidad visual es mucho más que un logo. Es un sistema coherente de elementos que, usados juntos, crean una imagen reconocible e inconfundible. Los componentes de ese sistema son:
- El logotipo: el símbolo visual que representa la marca. Puede ser solo tipografía (wordmark), solo un símbolo gráfico (icon), o una combinación de ambos.
- La paleta de colores: los colores principales y secundarios de la marca, con sus valores exactos para diferentes usos.
- La tipografía: las fuentes que se usan en los textos de la empresa, tanto en materiales impresos como digitales.
- Los elementos gráficos de apoyo: patrones, iconos, ilustraciones, fotografías que complementan y enriquecen la identidad visual.
- El tono visual: el estilo general de las imágenes y el diseño (minimalista, colorido, ilustrativo, fotográfico, etc.).
Cuando estos elementos están bien diseñados y correctamente documentados en el manual de identidad corporativa, la empresa puede aplicar su imagen de forma coherente en cualquier soporte, con cualquier proveedor, en cualquier momento.
El tono de comunicación: cómo habla tu marca
Una imagen corporativa completa incluye no solo cómo se ve la empresa, sino cómo habla. El tono de comunicación —formal o cercano, técnico o divulgativo, serio o con sentido del humor— debe ser coherente con la personalidad de la marca y con el público al que se dirige.
Una startup de tecnología educativa dirigida a jóvenes puede permitirse un tono desenfadado, cercano y con humor. Un despacho de abogados especializados en derecho corporativo necesita un tono más formal y técnico. Una clínica médica necesita un tono cálido, empático y tranquilizador. Estas diferencias no son caprichosas: responden a las expectativas emocionales de cada audiencia.
El tono de comunicación debe estar documentado y comunicado a todas las personas que generan contenido para la empresa: el equipo de marketing, los community managers, los responsables de atención al cliente, los directivos que escriben en LinkedIn.
La experiencia de marca: cuando la imagen va más allá de lo visual
Las empresas más sofisticadas entienden que la imagen corporativa se construye en cada punto de contacto con el cliente: en la forma en que atiende el teléfono el recepcionista, en el diseño del packaging, en la decoración de la oficina, en la rapidez con que se responde a un correo, en el tono de los mensajes automáticos del sistema de gestión.
Esto es lo que los expertos en branding llaman «brand experience»: la experiencia total que el cliente tiene con la marca. Y cuando esa experiencia es coherente, memorable y positiva en todos sus puntos, la imagen corporativa se vuelve extraordinariamente sólida.
Cómo construir una imagen corporativa estratégica: el proceso paso a paso
Fase 1: Diagnóstico y posicionamiento
Antes de diseñar nada, hay que entender quién es la empresa, a quién se dirige, en qué se diferencia de la competencia y qué posición quiere ocupar en la mente de sus clientes. Este análisis previo —que los profesionales del marketing llaman «audit de marca» o «análisis de posicionamiento»— es la base sobre la que se construye todo lo demás.
Sin este diagnóstico, el diseño gráfico es intuición. Con él, es estrategia.
Fase 2: Definición de la identidad
A partir del diagnóstico, se definen los elementos de identidad de la marca: su propósito (por qué existe más allá de ganar dinero), sus valores (qué principios guían sus decisiones), su personalidad (si fuera una persona, ¿cómo sería?), su propuesta de valor (qué ofrece que nadie más ofrece de la misma forma) y su posicionamiento (qué lugar quiere ocupar en la mente del cliente).
Estos elementos no son ejercicios teóricos para un documento que nadie leerá: son la materia prima que el diseñador y el copywriter necesitan para crear una identidad visual y verbal que sea auténtica y coherente.
Fase 3: Diseño de la identidad visual
Con la estrategia de marca definida, el equipo creativo puede trabajar en la identidad visual. Este proceso incluye la creación del logo y sus variantes, la selección de la paleta de colores, la elección de tipografías y el diseño de elementos gráficos complementarios.
Un buen diseño de identidad visual no es solo esteticamente atractivo: es funcional (funciona bien en todos los tamaños y soportes), diferenciador (se distingue claramente de la competencia), atemporal (no sigue modas que envejecerán rápidamente) y coherente con la personalidad de la marca.
Fase 4: Desarrollo del manual de identidad corporativa
El manual de identidad corporativa documenta todos los elementos de la identidad visual y las normas de uso. Es el documento que garantiza la coherencia de la imagen a lo largo del tiempo y con diferentes proveedores. Debe ser claro, visual y práctico, con ejemplos de usos correctos e incorrectos.
Fase 5: Implementación y despliegue
La identidad corporativa debe desplegarse de forma coherente en todos los soportes relevantes para la empresa: web, redes sociales, papelería corporativa, material de ventas, señalética, packaging, uniformes, etc. Este proceso de implementación es tan importante como el diseño: una identidad brillante que se aplica mal pierde gran parte de su valor.
Fase 6: Evolución y gestión de marca
Una imagen corporativa no es estática. Las empresas evolucionan, los mercados cambian, los gustos de los consumidores se transforman. Una marca bien gestionada sabe cuándo es el momento de actualizar su identidad —con un proceso de «brand refresh» o «rebranding»— sin perder los activos de reconocimiento que ha construido con el tiempo.
Leovel y la imagen corporativa en Granada: más que diseño, estrategia de marca
En el panorama de agencias de comunicación y marketing en Granada, pocas han desarrollado una metodología tan completa y orientada a resultados en el ámbito de la imagen corporativa como Leovel. Su equipo de publicidad en Granada trabaja con startups y pymes desde una perspectiva que integra estrategia de marca, diseño creativo y marketing digital en un proceso coherente y bien estructurado.
Lo que distingue a Leovel de otras opciones disponibles en el mercado no es solo la calidad visual de sus proyectos —que es alta— sino su forma de abordar cada encargo. Antes de abrir ningún programa de diseño, el equipo de Leovel se sienta con el cliente para entender su negocio, su competencia, sus objetivos y su público. Solo cuando esa base estratégica está clara, empieza el trabajo creativo.
Un enfoque que une estrategia y ejecución
Hay agencias que son brillantes en estrategia pero flojas en ejecución. Y hay estudios de diseño que producen trabajo visualmente espectacular pero sin una base estratégica sólida. Leovel ha trabajado para estar en la intersección: un equipo que entiende el marketing y el negocio, y que puede también ejecutar a un nivel creativo alto.
Esto es especialmente relevante para startups y pymes que no pueden —ni deben— trabajar con cuatro proveedores diferentes para cubrir sus necesidades de imagen corporativa. Necesitan un socio que entienda el conjunto y pueda gestionarlo.
Proyectos de imagen corporativa que impulsan el negocio
Leovel ha trabajado con empresas de sectores muy diversos en Granada: tecnología, salud, educación, hostelería, servicios profesionales, comercio. En cada caso, el proceso es el mismo: partir del negocio real, construir una identidad que lo refleje con autenticidad y desplegarse de forma coherente en todos los canales relevantes.
El resultado no es solo un logo bonito: es una empresa que proyecta credibilidad, que atrae al tipo de clientes que quiere atraer, que puede cobrar lo que merece cobrar y que construye una reputación que perdura.
Imagen corporativa y marketing digital: dos caras de la misma moneda
Por qué no puedes tener una sin la otra
En 2024, una imagen corporativa que no está pensada para el entorno digital es una imagen corporativa incompleta. El logo debe funcionar en formato favicon (16×16 píxeles) y en una valla publicitaria de diez metros. Los colores deben verse bien en pantallas de diferentes calibraciones. La tipografía debe funcionar en la web. Las imágenes deben cargarse rápido en móvil.
Pero más allá de los aspectos técnicos, la imagen corporativa digital incluye también la estrategia de contenidos, el tono de las redes sociales, el diseño de los emails de marketing y la experiencia de usuario en la web. Todos estos elementos forman parte de la imagen que el mundo tiene de tu empresa.
Redes sociales: el escaparate más visible
Las redes sociales se han convertido en el primer punto de contacto que muchos clientes tienen con una empresa. Antes de visitar la web, antes de llamar por teléfono, miran el perfil de Instagram o LinkedIn. Y lo que ven en esos primeros segundos —la foto de perfil, el diseño de las publicaciones, el tono de los textos— forma una impresión que influye en todas las decisiones posteriores.
Una estrategia de redes sociales bien diseñada, con una identidad visual coherente y un tono de comunicación consistente, es una parte esencial de la imagen corporativa moderna. No es opcional: es la vitrina más visible de tu negocio.
SEO y marca: cuando la visibilidad refuerza la credibilidad
Aparecer en las primeras posiciones de Google para las búsquedas relevantes de tu sector no solo trae tráfico: también construye imagen. Los usuarios asocian el posicionamiento orgánico con credibilidad y autoridad. Una empresa que aparece constantemente en los resultados de búsqueda para términos relacionados con su actividad proyecta una imagen de referente en su sector.
Esta es la razón por la que la estrategia de imagen corporativa y la estrategia SEO deben estar alineadas. El contenido que crea la empresa —artículos, guías, vídeos, podcasts— comunica tanto a Google como a sus clientes potenciales quién es la empresa, qué sabe y en qué puede ayudar.
Cuánto cuesta y cuánto vale: la inversión en imagen corporativa
El error de mirar solo el precio
Muchas startups y pymes de Granada toman decisiones sobre imagen corporativa mirando principalmente el precio. Y esa es, paradójicamente, la decisión más cara que pueden tomar. No porque haya que gastar una fortuna en branding, sino porque el coste real no es lo que se paga a la agencia: es lo que se pierde por proyectar una imagen inadecuada.
Un estudio de Lucidpress (ahora Marq) demostró que las empresas con una presentación de marca coherente obtienen, de media, un 23% más de ingresos que las que no la tienen. No es una cifra teórica: es el reflejo de algo muy concreto, que en el mundo real se traduce en más clientes, mayor precio medio de venta, mayor fidelización y menor coste de adquisición de clientes.
Inversión vs. gasto: la distinción que cambia la perspectiva
Cuando una startup invierte en imagen corporativa, no está comprando un logo. Está comprando credibilidad. Está comprando la capacidad de entrar en conversaciones de negocio de igual a igual con empresas más grandes. Está comprando la confianza que hace que los clientes paguen lo que la empresa merece cobrar. Está comprando el posicionamiento que hace que el talento quiera trabajar con esa empresa.
Vista desde esta perspectiva, la imagen corporativa no es un gasto: es una inversión con retorno medible. Y como toda inversión, tiene sentido hacerla bien desde el principio.
Los diferentes niveles de inversión
Evidentemente, no todas las empresas tienen las mismas necesidades ni los mismos recursos. El mundo del branding y la imagen corporativa tiene opciones para diferentes presupuestos, desde proyectos de identidad básica para startups en sus primeras fases hasta procesos de rebranding completos para empresas medianas que quieren redefinir su posición en el mercado.
Lo importante es entender qué nivel de inversión tiene sentido en cada momento del desarrollo de la empresa, y hacerlo de forma que cada euro invertido genere el mayor retorno posible. Para eso, el acompañamiento de una agencia con experiencia —que sepa qué es prioritario y qué puede esperar— es imprescindible.
Casos que ilustran el poder de la imagen corporativa en Granada
La startup que multiplicó su valoración con un rebranding
Imaginemos una startup granadina de inteligencia artificial para el sector logístico. Tecnología sólida, equipo técnico brillante, primeros clientes satisfechos. Pero una imagen corporativa que parecía diseñada por el propio equipo de ingenieros —funcional, pero sin ningún trabajo de branding. Cuando empezaron a buscar rondas de inversión más significativas, el feedback de varios fondos fue revelador: «La tecnología es buena, pero no transmitís solidez como empresa.»
Un proceso de rebranding completo —nuevo nombre, nueva identidad visual, nueva web, nuevo tono de comunicación— cambió radicalmente cómo el mercado percibía la empresa. No cambió ni una línea de código. No cambió el equipo. No cambió el producto. Cambió la imagen. Y con ella, cambió la percepción de valor, que se tradujo en conversaciones de inversión muy diferentes.
La pyme familiar que encontró nuevos clientes gracias a su nueva imagen
Una empresa familiar granadina de fabricación de muebles con treinta años de historia. Carpinteros extraordinarios, clientes fieles, reputación local impecable. Pero una imagen corporativa anclada en los años noventa que les impedía acceder a nuevos mercados: el segmento premium, las grandes empresas de decoración, los proyectos de contract.
Un proceso de actualización de imagen corporativa —manteniendo los valores de artesanía y tradición familiar, pero proyectándolos con un lenguaje visual contemporáneo y sofisticado— les abrió puertas que antes ni siquiera tocaban. La misma empresa, el mismo producto, pero una imagen que hablaba el idioma de sus nuevos clientes potenciales.
La consultora que dejó de competir por precio gracias al branding
Una pequeña consultora de recursos humanos en Granada que llevaba años compitiendo en proyectos donde el criterio principal de selección era el precio. Buenos profesionales, pero incapaces de diferenciarse en un mercado saturado. Un trabajo de posicionamiento y rebranding que definió claramente su propuesta de valor diferencial —especialización en organizaciones del sector tecnológico— y lo comunicó con una nueva identidad, una web orientada a ese nicho y una estrategia de contenidos que demostraba expertise real, transformó su posición en el mercado. Dejaron de competir en proyectos generalistas y empezaron a ganar proyectos especializados donde el criterio no era solo el precio.
El futuro de la imagen corporativa: tendencias que ya están aquí
Autenticidad sobre perfección
Las generaciones más jóvenes —que son hoy consumidores y empresarios— valoran la autenticidad por encima de la perfección estética. Las marcas que parecen demasiado pulidas, demasiado perfectas, generan desconfianza. Las que muestran humanidad, coherencia entre lo que dicen y lo que hacen, y una narrativa real y consistente, conectan mucho mejor.
Esto no significa que la calidad visual no importe: importa enormemente. Significa que la imagen corporativa debe proyectar una personalidad real, no una máscara de perfección.
Identidades visuales flexibles y adaptables
El concepto de «identidad visual flexible» —sistemas de diseño que pueden adaptarse a diferentes contextos y plataformas manteniendo la coherencia de marca— está ganando protagonismo. En un mundo donde una empresa necesita estar presente en TikTok, en LinkedIn, en su web, en sus instalaciones físicas y en sus presentaciones de PowerPoint, la rigidez del logo único y los colores fijos resulta insuficiente.
Las marcas más avanzadas desarrollan sistemas de identidad que tienen una base consistente pero permiten variaciones controladas según el contexto. Esto requiere un nivel de sofisticación en el diseño de la identidad que va más allá del logo y el manual básico.
Sostenibilidad y valores: cuando la imagen refleja el compromiso
Cada vez más empresas están integrando sus compromisos de sostenibilidad, responsabilidad social y valores éticos en su imagen corporativa. Y los clientes, especialmente los más jóvenes, evalúan con más criterio si esa integración es auténtica o cosmética.
Para una startup o pyme granadina que tiene valores reales en materia de sostenibilidad, comunidad local o impacto social, reflejar esos valores en la imagen corporativa no es solo una tendencia: es una ventaja competitiva con clientes que los comparten.
Inteligencia artificial y diseño: una nueva realidad
La inteligencia artificial está transformando el proceso de diseño gráfico y branding. Las herramientas de IA pueden generar variantes de logo, paletas de colores, propuestas de naming y contenido visual en fracciones del tiempo que requería antes. Esto democratiza el acceso a cierto nivel de diseño.
Pero —y este matiz es importante— la estrategia de marca, la comprensión del negocio, la creatividad estratégica y la capacidad de crear identidades verdaderamente diferenciadas siguen siendo territorio humano. La IA es una herramienta que amplía las posibilidades de los diseñadores y estrategas de marca; no los reemplaza.
Datos de contacto:
Nombre: Leovel — Agencia de Marketing Digital Granada
Área de servicio: Granada capital y provincia (incluyendo Motril, Almuñécar)
Teléfono: +34 684 30 83 82
Web: https://leovel.com/
Especialización: Agencia de marketing digital, Consultoría SEO, Agencia de publicidad, Diseño web.